DE VUELTA A LAS ANDADAS

Tengo el blog un poco abandonado, pero este verano entre el trabajo y estudiar, no he tenido apenas tiempo 😦

Ya han vuelto las clases, y ¡por fin estoy en un piso! Costó lo suyo convencer a mi padre, pero al final, la mano milagrosa y bondadosa de mi madre, fue el toque crucial y vital para encontrarme aquí, en mi nuevo hogar. Se acabaron los horarios para las comidas, las explicaciones de porqué llevo a una amiga a la residencia, o las miradas de 119 personas cuando entras al comedor.

Ahora entro sin restricción alguna con quien yo quiero, tengo una enorme habitación donde pasar las horas muertas, un frigorífico que atacar cuando me apetece, y un congelador con los tappers de mi madre (¡cómo echaba de menos la comidita de mi madre en Salamanca!). Es muy diferente estar conviviendo en una residencia a un piso, pero el cambio, sin lugar a duda, es a mejor. Estoy con una de mis mejores amigas a la cual conozco desde siempre, y también con dos chicas que no conocíamos, pero que poco a poco vamos haciéndolo (y el resultado hasta ahora es bueno). El miedo era que hubiera problemas con ellas, pero estamos las 4 poniendo todo de nuestra parte para que vivamos en armonía, lo cual, hace mucho más llevadero el desarrollo del día a día.

Además, estoy muy cerquita de la facultad (se acabaron esos paseos de media hora para llegar a la facultad) y tengo supermercados y tiendas a mi alrededor donde comprar los víveres necesarios para el día a día.

Espero que mis lectores sigan perfectamente (a algunos se los extraña mucho) y que los que se adentren por primera vez en mi mundo de paranoias, se sientan como en casa y repitan la visita si así lo desean.

Por ahora me despido (labores domésticas empezadas y que deben terminarse)

LA VIDA DE UNA ESTUDIANTE EN EL C.M NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE

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Hasta ahora, sólo había hecho referencia de mi vida personal, y ahora, haré un comentario sobre la vida en el Colegio Mayor Nuestra Señora de Guadalupe, lugar donde resido como estudiante universitaria.

En aspectos generales, la residencia (lo diré así para abreviar y no poner todo el nombre en adelante) es un lugar muy grande, y donde se puede residir “agusto” salvo por personas que perturban la paz entre estas paredes. Está claro que con 104 personas, tiene que haber gente de mi agrado y gente que no sea de mi agrado, pero lamentablemente, el tanto por ciento que me es desagradable, es mucho mayor que el tanto por ciento agradable, eso sí, las personas de mi agrado, son de las mejores.

Como iba explicando, la convivencia no es fácil entre tantas personas. Se crean lazos de unión con un número reducido de personas, y el resto, suele quedar anulado a excepción de un “hola” cuando te cruzas con alguien por los pasillos (eso si existe educación, sino, ni eso). El trato con las personas dentro de un lugar de residencia tan grande, es fundamental: forma parte de la vida universitaria. En una residencia se conoce mucha gente, y se pueden hacer grandes amistades pero también te puedes llevar grandes desilusiones de las personas, y tampoco olvidar, gente indeseable (está claro que tiene que haber de todo…)

En esta residencia, existe un grave problema: la falta de madurez de muchas de las personas que residen aquí. Cuando los observas durante un tiempo (en este caso, casi 5 meses) te das cuenta de que siguen siendo unos niños, que no demuestran su educación, que faltan al respeto a cualquiera, y que, para colmo, no respetan las normas que debes cumplir desde el momento que entras el primer día por la puerta. Un claro ejemplo de esto: los botellones en la habitación, música que molesta a los demás a horas indebidas, aglomeraciones de gente en una misma habitación cuando no está permitido… y podría seguir toda la noche enumerando las cosas que están fuera de las normas y que, sin embargo, se encuentran todos los días dentro del recinto.

A pesar de todo esto, estas personas siguen dentro del mismo recinto del que yo vivo, y eso me hace enfurecer a veces, sabiendo que no respetan ninguna de las normas, y siguen aquí. Hay gente que debería de haber sido expulsada por cosas que hicieron el año pasado, o por cosas hechas este mismo curso, pero… aquí siguen.

Como he dicho antes, no con todo el mundo se puede empatizar, pero si la mayoría de la gente me parece indeseable por como se muestran a los demás, creo que es por algún motivo, que compañeros y compañeras, comparten conmigo…

Hasta aquí, la vida residencial de una estudiante de Psicología de la UPSA, gracias por vuestro tiempo.